¿Cómo debo actuar ante un berrinche?.

Un berrinche es una manifestación donde tus hijos no son capaces aún de manejar algún tipo de frustración.

Desde el momento en que tus hijos empiezan a ser conscientes de que es un ser independiente, y que para conseguir algunas cosas necesitan la colaboración de otros, pueden aparecer lo que popularmente se conoce como un berrinche.

Tus hijos en principio tienen necesidades y piden que se resuelvan y lo hacen del modo en que consideran más eficaz a su alcance. Un niño pequeño no establece diferencias sutiles, para atender sus necesidades de modo inmediato y cuando quiere o necesita algo, muestra la necesidad de hacerlo notar al adulto que conviva con el menor.
Cuando no se le da lo que pide, se frustra y muestra desagrado y si sigue sin recibir lo que pide, su enojo o frustración puede ir aumentando y sus emociones cambian manifestando sensaciones no gratas para un adulto como: gritar, pegar, aventar cosas, escupir, etc… Todos tus hijos pueden pasar esta fase y debemos considerarla como normal siempre y cuando el adulto tenga la paciencia y tolerancia de poder entablar un diálogo con el menor en el mejor momento, que posiblemente cuando se de el berrinche no sea el mejor momento para hacerlo, entendiendo que un berrinche tiene forma, tiempo y lugar y que es una forma instintiva de responder a la falta de colaboración de los que le rodean. Dependiendo del carácter del menor y de lo que nosotros hagamos cuando aparece una de estas situaciones, cederán antes o después, y como adultos no podemos perder la cabeza de nuestras emociones; sino aprender a canalizar la emoción del menor junto con las tuyas, teniendo claro que podemos educar o disciplinar a nuestros hijos con alternativas efectivas pero sobre todo afectivas.

El carácter y personalidad de los niños está formándonse y algunos aspectos se reforzarán y otros se suavizarán, dependiendo de nuestra forma de responder al manejo de sus emociones.

Cuando un menor presenta un mal manejo de sus emociones como un “berrinche” nos debe quedar claro que es una fase de madurez y que todo padre experimenta, por lo tanto no debemos dejar que el momento haga que perdamos la cabeza; el momento pasara y las emociones regresarán a su estado normal; tampoco es que los menores sean malos o tú por no saber entender lo que necesita; sólo es cuestión de establecer una pausa en el entorno que se esta viviendo y por supuesto esto no es fácil.

Diferentes educadores, psicólogos, sociólogos, y expertos padres de familia han establecido pautas y consejos para seguir en caso de que un menor haga un berrinche, que generalmente puede pasar en el momento y lugar menos oportuno: a la salida del cine, en un restaurante, en el centro comercial, delante de tu jefe, tus suegros, etc… 

Antes de que suceda un berrinche debemos prevenir. Existen situaciones en las que es previsible que va a modificar sus emociones, como:

  •  “Si estoy dando un paseo y se me ocurre meternos en una tienda de dulces, solo para mirar o distraer y lanzo la consigna de que no voy a comprar nada...”

  • “Tengo prisa para volver a casa, puedo pasar por esta calle que tiene los columpios, o por la paralela que no. Pues echo por la de los columpios que tardo 10 segundos menos…”
  • “Hay cierto detalle de decoración que yo sé que al niño(a) le gusta. No quiero que lo rompa, pero lo dejo a su alcance…”

Y también hay situaciones casi inevitables como:

  • “Los supermercados, que conocen bien el tema, ponen los expositores de dulces y juguetes cerca de la caja, para que cuando los padres vayan a comprar comida (eso no hay más remedio) con sus hijos “caigan en la trampa” mientras hacen la fila para pagar. Eso no puedes evitarlo, pero si descubres un supermercado en el que no son tan “estrategas”,  puedes comprar en ese y no en el de la “trampa mortal”.

Evitar situaciones como estas precisa pensar las cosas antes de hacerlas. Pero en la mayoría de los casos merece la pena el esfuerzo.

Pero que debo hacer cuando se presenta el momento de un cambio de emoción en el menor y no puedo controlar la situación, como padre de familia debo primero saber que quien debe controlar las emociones soy yo, así es que la calma debe permanecer en mi para no perder la cabeza y entonces sean dos personas que cambiaron sus emociones. 

Las preguntas que puedo hacerme son:

¿Puedo darle lo que pide sin perjudicarle? Si darle las cosas perjudican deberás platicar con él y hacerlo entender que puede lastimarlo o hacerle daño, como puede ser un cerillo, una vela, un cuchillo, un animal que no sea una mascota, manejar el carro, etc. Si por el contrario, lo que él necesita puede beneficiarlo y es para una crecimiento puedes dárselo y antes de que la cosa vaya a más y empiece a hacer conductas que no quieres premiar, dale lo que pide.

Si no lo has hecho, con toda la tranquilidad del mundo, toca aguantar. Si un niño(a) pega, grita, insulta; es entonces cuando logra lo que pedía. La próxima vez que quiera algo lo hará pues sabe que un patrón conductual será pegar, gritar e insultar, pues funciona para obtener un beneficio. Y recuerda que si ha sido por algo que podías haberle concedido sin problema, la culpa ha sido más tuya que suya. La próxima vez piensa un poco antes de decirle que no.

Y si la petición en cuestión es claramente perjudicial para él concederla, deberás mantener la tranquilidad y calma en tus emociones para poder cambiar su emoción y ya sea que pegue, grite, insulte o amenace, la solución no es darle el cuchillo, el cerillo, las tijeras, etc para que juegue con él o dejarle que meta la mano en el fuego o meta los cables a los contactos eléctricos. Ni tampoco por supuesto pegar más fuerte que él, gritar más alto, o insultar de forma más hiriente que él. La educación con amor y respetuosa no es criar respetando todas las peticiones del niño(a), sino actuar respetando en primer lugar lo que beneficia al menor a corto y a largo plazo y contradecirlo hasta donde haga falta si algo le perjudica, no es ser poco respetuosos con tu hijo(a). Es ser responsables como padres.

¿En que momento debo castigar a mi hijo? Los castigos son eventos desagradables tanto para el que los recibe como para el que los da... o quita. Casi siempre van acompañados de una amenaza y una vez que se establece un sistema con ellos, todos parecen convertirse en víctimas. Los premios son eventos agradables pero tienen el inconveniente de condicionar la conducta. Te resulta fácil obtener su colaboración y para él es fácil comenzar a manipularte a fin de conseguir lo que quiere. Ambas son consecuencias que los padres dan a las conductas infantiles: si un niño hace algo correcto, recibe un premio y en el caso contrario un castigo.

Debes de poner en equilibrio que las recompensas no pueden ser siempre condicionantes de conducta, como tampoco las amenazas, ambas no son condicionantes de una conducta, sino del manejo de una emoción, porque podrías caer en el juego de recibir un premio o evitar un castigo.

¿Qué puedo hacer después del berrinche de mi hijo?

Las palabras mágicas son: afecto y diálogo. Una vez que la crisis emocional  ha pasado, ya sea por el adulto o el menor quizá, hemos llorado todos un poco y ha bajado la temperatura de la sangre, da tu siempre el paso de ofrecer tu afecto, diciendo claramente No estoy enojado y te quiero, ¿me das un abrazo?”

Cuando se entregue al abrazo, es el momento de explicarle con toda la calma y el amor que  se le tiene a un hijo(a) porqué le hemos dicho que no y hemos mantenido nuestra postura. Y porqué gritar, pegar, insultar… no es una forma de conseguir las cosas y papá y mamá no van a darle nunca lo que pida de ese modo.

Como en cualquier otro tema de educación, los resultados no son inmediatos. Las cosas se aprenden a fuerza de prueba y error. Algunos lo entienden con 3 veces y otros con 30. Pero al ser tu hijo(a) te toca repetir la dinámica  las veces que sea necesario y con la máxima tranquilidad y el amor de tu parte. 

Al ser constante los resultados acaban llegando. Si  te dejas llevar por alguna solución fácil y el salir de cada berinche como más cómodo resulte, tendrás  problemas para rato: Hay adultos que siguen pensando que pegando, gritando o insultando se consiguen las cosas. Ya se encarga el resto del mundo de demostrarles lo que, por desgracia para ellos, no les enseñaron sus padres.

La recomendación de psicólogos sugieren que la ansiedad es una de muchas variables relacionadas con los berrinches, e implican que los padres y cuidadores deberían considerar que un berrinche puede reflejar la ansiedad, confusión o estrés de un niño, aunque no sea aparente, además de o en vez de la oposición deliberada.

Dr. Alberto Hachity Ortega

Bibliografía.

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